golosinas

Inteligencia emocional en el trabajo

Publicado el 21 mayo, 2013 | Livia Álvarez Almazán | Motivación

Vivimos a diario subidos a la montaña rusa de las emociones, pensando que actuamos como lo hacemos porque no tenemos otra opción. Lo hacemos así a diario en el trabajo y pensamos que si alguien tiene cambiar es el jefe o el compañero de enfrente. Sin embargo, hay otro camino, el de la inteligencia emocional que nos permite gestionar y regular nuestras emociones.

Pasamos del enfado monumental al pasotismo, de la alegría a la tristeza y muchas veces nos metemos en un bucle del que nos cuesta salir. Es como funcionar con el piloto automático; nuestras emociones se disparan en el trabajo y una vez en marcha no hay modo de darle al stop o ralentizar su marcha… ¿o sí la hay? En España, de cada diez cabezas, una piensa y nueve embisten, dice el dicho. ¿Podemos darle la vuelta? Seguro que sí, en nuestra mano está.

¿De veras es posible alcanzar la estabilidad emocional en la vida? Se tambalea la situación económica y social y, a veces, se mueven alguno de los pilares sobre los que se asienta nuestra propia existencia o la de nuestros seres queridos. Caminamos por la cuerda floja constantemente y sin red.
inteligencia emocionalEntonces, ¿hay algo que pueda hacer entonces para gestionar mejor mis emociones?
Otro aspecto que favorece la gestión de nuestras emociones es la autoobservación. Si estoy entrando en la espiral del enfado –no olvidemos que el enfado tiene también su utilidad, ya que nos permite poner límites y preservar nuestros derechos, pero en este caso hablamos de un enfado que roza la ira-, simplemente con que repare en ello, “anda, me estoy enfadando”, reduzco esta emoción en un 50%. El psicólogo Javier Urra contaba que tenían una sala en la que los adolescentes podían observar su reflejo en un momento de agresividad y a veces no se reconocían a sí mismos: “yo no soy ese”, decían.

Recetas eficaces

La toma de conciencia momentánea nos permite decidir: en nuestra mano está seguir teniendo una actitud o no, nadie manda en nosotros. Si tengo cubiertas mis necesidades básicas -cama, techo y comida-, sí. Hay sencillas herramientas que, de hecho, podemos aplicar todos los días. Por ejemplo, un buen punto de reflexión sobre algo que me afecta es cómo veré esa situación dentro de 15 años. ¿Me seguirá pareciendo importante? Si no es así, ¿realmente merece la pena que me preocupe o moleste tanto? Relativizar es un buen antídoto frente a un estado alterado. El vecino no te saluda en el ascensor y te mosqueas. ¿Crees que tiene sentido que tu humor y tu estado anímico dependa de ese hecho?

En la lista de recetas, perdonar y, lo que es más importante, perdonarse. A veces metemos algo que hicimos o que no hicimos en el fondo del cajón con la esperanza de que lo olvidaremos y sucede todo lo contrario, se transforma en un quiebre interno. Sigue ocupando un lugar y condicionándonos. Sin embargo, si reconocemos ante nosotros mismos y ante los demás que no somos perfectos estaremos dándonos la oportunidad de actuar de otra forma la próxima vez. Podemos equivocarnos y seguir queriéndonos porque sabemos que somos mucho más que ese error.

Finalmente, otro gesto beneficioso para nuestro equilibrio emocional es la generosidad. Ser agradecido nos da una nueva perspectiva de las cosas y nos hace más felices.

La vida no es justa, decimos muchas veces. ¿Quién dijo que lo fuera? La vida es la vida, pero si percibimos lo que nos sucede como un aprendizaje, por doloroso que este sea, nos estaremos dando la oportunidad de extraer algo positivo hasta de lo más difícil.

La prueba de Marshmallow

La prueba de Marshmallow consiste en sentar a un niño frente a una mesa con una golosina delante. Le explicamos que si no se la come en un plazo de tiempo determinado, recibirá otra más. Es lo que llamamos gratificación diferida, relacionada con el éxito en la vida. Se trata de una capacidad que Daniel Goleman consideraba que formaba parte de la inteligencia emocional.

 

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Sobre el autor

Licenciada en Ciencias de la Información, rama Periodismo, por la Universidad Pontificia de Salamanca. Coach ejecutiva y personal. Especializada en comunicación corporativa, es codirectora de 960 Pixels Comunicación. Ha trabajado en los gabinetes de comunicación del Gobierno de Aragón, de Expo Zaragoza 2008 y de Ebrópolis; ha sido la responsable de prensa de la Institución Ferial de Barbastro y de varias ediciones del Congreso de Periodismo Digital. Fue jefa de redacción en Aragón Rutas. Completó su formación en RNE en Aragón y en Agencia EFE.

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