Starbucks

Starbucks: un empresario humanista e inspirador

Publicado el 14 noviembre, 2012 | Livia Álvarez Almazán | Ejemplares

“Mi pretensión nunca ha sido sólo hacer dinero, sino construir una empresa grande y sólida, para lo cual he tenido que encontrar el equilibrio entre los beneficios y la conciencia social”. Así resume Howard Schultz cuál fue y sigue siendo su visión, la que le hizo lanzar al éxito a Starbucks y la que permitió años después que la empresa saliera de la crisis y se superase a sí misma.

En lugar de firmar con un “gracias” o “atentamente”, lo hace con un “adelante”. Piensa que el viaje empresarial te puede hacer tocar el cielo y que tiene recompensas emocionantes, pero también que tiene momentos bajos que pueden partirte el corazón. Cuando habla utiliza términos como “conciencia social” y hay algo en su expresión y en su tono de voz que te persuade de que lo cree sinceramente.

Como hombre de negocios dice que quiso construir la clase de empresa en la que su padre nunca tuvo la oportunidad de trabajar, en la que hay un equilibrio entre rentabilidad y benevolencia y donde todo el mundo comparte el éxito. El éxito, por cierto, no es para Howard Schultz, presidente y consejero delegado de Starbucks Coffee Company, un derecho, sino algo que se construye día a día.

Este empresario que la revista Time incluye en su lista de las personas más influyentes del mundo, nació en 1953 en el seno de una humilde familia, creció en los barrios pobres de Brooklyn y logró asistir a la universidad pagándosela de su propio bolsillo con grandes esfuerzos.

Los orígenes de Starbucks

La historia de Starbucks comenzó en 1971 con una empresa que, al principio, sólo vendía café en grano y molido para ser consumido en casa. Schultz comenzó a trabajar en ella en 1982, pero no fue hasta un año después, en un viaje a Milán, donde el norteamericano cuenta que descubrió la verdadera magia del café, tal y como señala en su libro “El desafío Starbucks”. En una de las muchas cafeterías de la ciudad italiana se sorprendió con el ritual que seguían el camarero y los clientes. Se percató de que, para aquel camarero, aquello no era un trabajo, sino una auténtica pasión. Schultz descubrió que lo que él mismo estaba haciendo no consistía en tomarse un café entre horas sino en disfrutar de toda una experiencia.

A la salida y siguiendo su camino, se detuvo en más cafeterías y en todas ellas sintió el runrún de una comunidad y la sensación de que, con una pequeña taza de café, la vida adquiría un ritmo más lento. [pullquote]Howard Schultz decidió cerrar durante una tarde más de 7.000 establecimientos para instruir a los empleados y corregir malos hábitos[/pullquote]

Impactado, a su vuelta, trasladó esta visión a los fundadores de Starbucks que por aquel entonces todavía no dispensaban bebidas y que, a pesar de su entusiasmo, no compartían el sueño de Schultz de trasladar esa experiencia a Seattle. Sin embargo y aunque quedó destrozado, su convicción le llevó a fundar su propia empresa, que se llamó Il Giornale, en honor al principal diario de Milán.

Para controlar los costes, tanto Schultz como sus compañeros trabajaban en ocasiones tras la barra con los camareros. Dieciséis meses más tarde, estuvo en disposición de comprar la empresa para la que había estado trabajando, Starbucks, cosa que consiguió a duras penas en una auténtica batalla contra otro comprador potencial y gracias a los millones de dólares que depositaron los inversores que creían en él.

Así comenzó la historia de Starbucks, que en poco más de veinte años se expandió a lo largo y ancho de 36 países con 9.200 establecimientos y que, actualmente, cuenta con 100.000 empleados en nómina. Aunque durante los primeros años perdieron dinero, Starbucks estableció dos paquetes de ventajas que marcaron una enorme diferencia con el resto de las compañías: sus trabajadores disponían de seguros sanitarios de cobertura global y tenían la opción de adquirir acciones de la empresa –también los empleados a tiempo parcial-.

La crisis llega a Starbucks

Un martes por la tarde de 2008, en medio de una época complicada para la empresa, Starbucks cerró todas sus tiendas en Estados Unidos, es decir, 7.100 establecimientos. Una nota explicaba por qué: “Nos estamos tomando un tiempo para perfeccionar nuestro café. Preparar un gran café requiere práctica. Por eso nos estamos dedicando a perfeccionar nuestro oficio”.

Este hecho supuso la pérdida de seis millones de dólares. Esa tarde, mientras Schultz se dirigía en una grabación a los empleados de los establecimientos y les daba pautas para corregir malos hábitos y recuperar los estándares de calidad contadas sin un guión de por medio, los medios de comunicación cubrían asombrados la noticia, los críticos se regodeaban e incluso hubo quien dijo que al haber admitido que las cosas iban mal, Starbucks había quedado dañada para siempre. Sin embargo, en las semanas siguientes, la puntuación a la calidad del café creció y se mantuvo al alza. “Si no somos capaces de ofrecer un gran café, perdemos la razón de nuestra existencia”, señalaba Schultz. La experiencia de esos años de crisis demostró que “es posible subir, caer y volver a subir, reencontrarse con los sueños perdidos”, añadía este inspirador empresario.

Información complementaria
Material utilizado
  • Foto de portada: usuario Marcopako de Flickr

 

 

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Sobre el autor

Licenciada en Ciencias de la Información, rama Periodismo, por la Universidad Pontificia de Salamanca. Coach ejecutiva y personal. Especializada en comunicación corporativa, es codirectora de 960 Pixels Comunicación. Ha trabajado en los gabinetes de comunicación del Gobierno de Aragón, de Expo Zaragoza 2008 y de Ebrópolis; ha sido la responsable de prensa de la Institución Ferial de Barbastro y de varias ediciones del Congreso de Periodismo Digital. Fue jefa de redacción en Aragón Rutas. Completó su formación en RNE en Aragón y en Agencia EFE.

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